
Un fervor que despierta en agosto. El Pozo de los Deseos de Santa Rosa de Lima, ubicado en el santuario del mismo nombre, congrega cada octavo mes del año a miles de creyentes católicos, niños y jóvenes en edad escolar, desamparados y curiosos a este acto para pedirle un deseo a nuestra santidad peruana.
Ellos piden solución a cada uno de sus problemas, anhelos casi siempre inalcanzables y hasta una pequeña ayuda en el amor. Un refugio para los sueños. A nuestra llegada, cientos de escolares coreaban al aire cánticos juveniles y risas contagiosas. Los vendedores hacían su correspondiente agosto con sus pendientes, libros llenos de oraciones, rosarios y diferentes recuerdos de la solicitada santa. Dentro del santuario sólo se podía escuchar una algarabía infantil de que los mucho de ellos aún no entendían el porqué de su asistencia a tan histórico lugar.
Durante el recorrido, había un lugar que acaparaba la atención de todos. Era el Pozo de los Deseos. Los niños acompañados de sus tutoras depositaban uno por uno su carta, la cual depositaban dentro del hoyo con el fin de llevar el ritmo de la tradición de los más viejos. Aparte de ellos, se acercaban familias enteras y peatones ocasionales a lugar donde – según cuenta la historia – se elevaban al cielo las esperanzas para ser escuchadas por Dios.



